Mi padre no ha aguantado. Cuando mostraron unos “jóvenes cordobeses” haciendo el indio ante las cámaras saltó, pero mi hermano respondió, iniciándose para su sorpresa un diálogo, hecho éste tan inusual como el que yo consiguiera abstraerme de la conversación y de las voces teledirigidas. Estoy derrotado, almuerzo en calma, mirando sin ver la tele, oyendo sin escuchar el diálogo entre padre e hijo, quien le trata de explicar cuanto en el parte informativo está siendo expuesto. Planto ante ellos otra grabadora. Enfermo y abatido por la actualidad, no intervengo más que con pequeños incisos o algún vocablo. Por ello fundo mis palabras con las de mi hermano, quien suele pasar del mundo a la hora de comer y este día no lo hizo.
-Hijo: Papá…es la primavera, la fiesta de la primavera. Los medios están confundiendo nuestra fiesta con la botellona o la macrobotellona y demás. Parece que los jóvenes se pasan el día y la noche adorando a la botella y son unas bestias descontroladas, haciéndonos creer que está justificado que prohíban la fiesta y nos acosen en las calles cuando salimos. No es para tanto, ni de lejos, además que toda esta movida es sólo en momentos concretos, cuando han acabado los exámenes, llega el buen tiempo y en la calle se está tan a gusto. Podemos hacer el esfuerzo de comprender lo que sucede, con naturalidad. Mira Madrid, vete a pasear esta noche por la plaza Dos de Mayo, por ejemplo. Menuda les calló encima tras “la” ley que nos quieren endosar. Aquí la fiesta de la primavera se llevaba haciendo desde siempre y han sido justamente los medios quienes se han encargado de convertir la celebración en una competición por el mayor “macrobotellón”. En donde está prohibido han pensado: mira lo que otros pueden hacer, nosotros hacíamos y ya no podemos, pues no tenemos que obedecer esa ley porque es injusta.
-Padre (señalando la televisión): Mira esos. Yo lo único que veo es jóvenes degradándose que no tienen autoestima ni nada, perdidos, sin objetivos, es terrible.
-Hijo: Tú haces lo mismo.
-Padre: ¡Qué!
-Hijo: Hace treinta años lo hacías.
-Padre: Aquello era de otra manera.
-Hijo: La gente está junta, charlando como podrían estar en un bar, aún mejor.
-Padre (recuerda una anécdota y duda): No, no… si en mi casa, sin ir más lejos, allá en El Cairo. Se alargó la sobremesa y el señor X, un artista y de los grandes, iba desde el baño hasta el salón palpando las paredes. ¡Je, je, no he visto una cosa igual! Pero estábamos amigos íntimos y él se encontraba muy a gusto.
-Hijo: Entre amigos sólo es si estoy yo, luego “la gente en la calle” tiene comportamientos gregarios y son borregos. Son miles de grupos de amigos.
-Padre: Todos al mismo sitio.
-Hijo: El mismo u otro. Tras hartarse de estudiar y trabajar, que se estudia y trabaja como nunca y condiciones tristísimas, buscan encontrarse con “la” gente y en la calle las posibilidades de dar con gente se multiplican. Es un espacio público, no es un bar ni tu casa, está para eso, es de todos.
-Padre: Ahora mismo acabo de ver un tío haciendo el mono.
-Hijo: Es la tele, papá. Tú sales y te mueves, pero la mayoría de los padres se enteran por la tele y se tragan sinsentidos y barbaridades que ya podrían endiñárselas a sí mismos y lo hacen a sus hijos o al hijo del vecino. Bonito ejercicio el cebarse con los jóvenes, mientras empresarios, políticos y demás interesadísimos… Y que no vengan con el rollo del Internet, los móviles y las convocatorias anónimas, son ellos mismos quienes...
-Padre: Siete mil tíos en una calle no es que lo monten, es verdad. Eso es una bacanal pero ¡coño, qué sea una bacanal de verdad, como dios manda! No, no es eso, parte de algo, de una orientación social.
-Hijo: ¿Por qué tenemos que cargarlo tanto, darle esa importancia? ¿No es posible después de una semana, estudiando o trabajando, salir a que te de un poco el aire, sin más?
-Padre: Si todo te parece normal, no hay posibilidad de análisis. La extrañeza, el asombro, permite establecer tu “yo” sobre las cosas.
-Hijo: Es un fenómeno natural.
-Padre: Habrá que definir qué es natural, porque hace treinta años no existía.
-Hijo: Ni podían reunirse más de tres en la calle, o a la iglesia o al bar.
-Padre (dudando): No van por ahí los tiros. Por cierto, ahí están los parroquianos de los bares. No. Es un fenómeno nuevo…o viejo. Pues se estudia, se habla y se opina aunque desconfío. Cuando tenemos que hablar de esto o lo otro, hay algunos detrás para venderte algo, gasolina o coca-cola. Será entretener a la juventud con una salida equivocada. No es el ocio creativo. No puedo entender cómo la conversación puede ser lo mismo, allí que en un café sobre el valor de un verso. Hijo mío, yo no he estado en el botellón ni tengo edad para hacerlo. He visto, por ejemplo, en la plaza de toros de Córdoba un grupo, iban ellos y ellas de negro, parecían dráculas, hacía un frío de puta leche y estaban con las botellas y un ritual rarísimo. ¿Por qué hay que beber tanto? Te gastas menos tomando un café como nosotros hacíamos, toda la noche charlando y acabábamos cerrando los bares dándole vueltas a un verso. ¿Cómo se puede tener un objetivo en una explanada fría, como la de las chicas esas de negro?
-Hijo: ¿Quieres que por la noche rimemos?
-Padre: Y ahora es un acontecimiento, un happening. Si los medios de comunicación se preocupan ¡malo! Algo habremos hecho mal si aplauden. No sé, no tengo esa sensibilidad, no vivo en el mundo que ellos viven, no puedo saber lo que es pero sí tengo el derecho y deber de preguntarme, porque la indiferencia de “lo natural” dudo que sea lo más adecuado. Podría ser de otra manera o a lo mejor me equivoco y la única manera es meterse dieciocho lingotazos de alcohol puro a ver quién bebe más.
-Hijo: ¡…!
-Padre: Sí, eso es una chorrada. Vosotros sabréis más que yo. Ahora bien, te digo una cosa, sin extrañeza no hay (…).
Mientras conversan la noticia del día transcurre. Casualmente las diversas fuentes de emisión están bien articuladas, y cuando por un canal se corta el flujo por otro se abre. El discurso es repetido sin alteraciones. Tras el informativo de Tele Cinco, encadena Antena 3:
-Hijo: Papá…es la primavera, la fiesta de la primavera. Los medios están confundiendo nuestra fiesta con la botellona o la macrobotellona y demás. Parece que los jóvenes se pasan el día y la noche adorando a la botella y son unas bestias descontroladas, haciéndonos creer que está justificado que prohíban la fiesta y nos acosen en las calles cuando salimos. No es para tanto, ni de lejos, además que toda esta movida es sólo en momentos concretos, cuando han acabado los exámenes, llega el buen tiempo y en la calle se está tan a gusto. Podemos hacer el esfuerzo de comprender lo que sucede, con naturalidad. Mira Madrid, vete a pasear esta noche por la plaza Dos de Mayo, por ejemplo. Menuda les calló encima tras “la” ley que nos quieren endosar. Aquí la fiesta de la primavera se llevaba haciendo desde siempre y han sido justamente los medios quienes se han encargado de convertir la celebración en una competición por el mayor “macrobotellón”. En donde está prohibido han pensado: mira lo que otros pueden hacer, nosotros hacíamos y ya no podemos, pues no tenemos que obedecer esa ley porque es injusta.
-Padre (señalando la televisión): Mira esos. Yo lo único que veo es jóvenes degradándose que no tienen autoestima ni nada, perdidos, sin objetivos, es terrible.
-Hijo: Tú haces lo mismo.
-Padre: ¡Qué!
-Hijo: Hace treinta años lo hacías.
-Padre: Aquello era de otra manera.
-Hijo: La gente está junta, charlando como podrían estar en un bar, aún mejor.
-Padre (recuerda una anécdota y duda): No, no… si en mi casa, sin ir más lejos, allá en El Cairo. Se alargó la sobremesa y el señor X, un artista y de los grandes, iba desde el baño hasta el salón palpando las paredes. ¡Je, je, no he visto una cosa igual! Pero estábamos amigos íntimos y él se encontraba muy a gusto.
-Hijo: Entre amigos sólo es si estoy yo, luego “la gente en la calle” tiene comportamientos gregarios y son borregos. Son miles de grupos de amigos.
-Padre: Todos al mismo sitio.
-Hijo: El mismo u otro. Tras hartarse de estudiar y trabajar, que se estudia y trabaja como nunca y condiciones tristísimas, buscan encontrarse con “la” gente y en la calle las posibilidades de dar con gente se multiplican. Es un espacio público, no es un bar ni tu casa, está para eso, es de todos.
-Padre: Ahora mismo acabo de ver un tío haciendo el mono.
-Hijo: Es la tele, papá. Tú sales y te mueves, pero la mayoría de los padres se enteran por la tele y se tragan sinsentidos y barbaridades que ya podrían endiñárselas a sí mismos y lo hacen a sus hijos o al hijo del vecino. Bonito ejercicio el cebarse con los jóvenes, mientras empresarios, políticos y demás interesadísimos… Y que no vengan con el rollo del Internet, los móviles y las convocatorias anónimas, son ellos mismos quienes...
-Padre: Siete mil tíos en una calle no es que lo monten, es verdad. Eso es una bacanal pero ¡coño, qué sea una bacanal de verdad, como dios manda! No, no es eso, parte de algo, de una orientación social.
-Hijo: ¿Por qué tenemos que cargarlo tanto, darle esa importancia? ¿No es posible después de una semana, estudiando o trabajando, salir a que te de un poco el aire, sin más?
-Padre: Si todo te parece normal, no hay posibilidad de análisis. La extrañeza, el asombro, permite establecer tu “yo” sobre las cosas.
-Hijo: Es un fenómeno natural.
-Padre: Habrá que definir qué es natural, porque hace treinta años no existía.
-Hijo: Ni podían reunirse más de tres en la calle, o a la iglesia o al bar.
-Padre (dudando): No van por ahí los tiros. Por cierto, ahí están los parroquianos de los bares. No. Es un fenómeno nuevo…o viejo. Pues se estudia, se habla y se opina aunque desconfío. Cuando tenemos que hablar de esto o lo otro, hay algunos detrás para venderte algo, gasolina o coca-cola. Será entretener a la juventud con una salida equivocada. No es el ocio creativo. No puedo entender cómo la conversación puede ser lo mismo, allí que en un café sobre el valor de un verso. Hijo mío, yo no he estado en el botellón ni tengo edad para hacerlo. He visto, por ejemplo, en la plaza de toros de Córdoba un grupo, iban ellos y ellas de negro, parecían dráculas, hacía un frío de puta leche y estaban con las botellas y un ritual rarísimo. ¿Por qué hay que beber tanto? Te gastas menos tomando un café como nosotros hacíamos, toda la noche charlando y acabábamos cerrando los bares dándole vueltas a un verso. ¿Cómo se puede tener un objetivo en una explanada fría, como la de las chicas esas de negro?
-Hijo: ¿Quieres que por la noche rimemos?
-Padre: Y ahora es un acontecimiento, un happening. Si los medios de comunicación se preocupan ¡malo! Algo habremos hecho mal si aplauden. No sé, no tengo esa sensibilidad, no vivo en el mundo que ellos viven, no puedo saber lo que es pero sí tengo el derecho y deber de preguntarme, porque la indiferencia de “lo natural” dudo que sea lo más adecuado. Podría ser de otra manera o a lo mejor me equivoco y la única manera es meterse dieciocho lingotazos de alcohol puro a ver quién bebe más.
-Hijo: ¡…!
-Padre: Sí, eso es una chorrada. Vosotros sabréis más que yo. Ahora bien, te digo una cosa, sin extrañeza no hay (…).
Mientras conversan la noticia del día transcurre. Casualmente las diversas fuentes de emisión están bien articuladas, y cuando por un canal se corta el flujo por otro se abre. El discurso es repetido sin alteraciones. Tras el informativo de Tele Cinco, encadena Antena 3:
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